
Ser mujer nunca nos dijeron que fuera fácil y encima tenemos que cargar con la menstruación, un periodo que para algunas mujeres resulta cosa de nada pero que para otras es una verdadera enfermedad.
Pues para colmo de males aquí os traigo lo que tenían y tienen que padecer las mujeres en diferentes lugares.

los falasha de Etiopía, los llamados Judíos Negros, que disponen en sus poblados de unas casas especiales llamadas “casas de la sangre” o, más significativamente, “casas de la maldición”, donde las mujeres se retiran unos siete días durante su menstruación.

Los indios mondurucus del Brasil, recluían a la mujer durante unos días en una celda especial dentro de la cabaña menstrual, a donde acudía todo el pueblo a arrancarle un pelo de su cabellera.

Diversas tribus del Camerún pintaban a la mujer de rojo durante su regla (advertencia visible sobre el tabú de su estado) y la encerraban en una choza oscura lejos del poblado, dándole de comer y beber a través de un tubo hecho con el hueso del ala de un águila de cabeza blanca y tratándolas como si fueran enfermas contagiosas.

Tribus de la Hehe, en Tanganica, mantenían encerradas a las mentruantes durante cinco días. Hasta un año duraba la cuarentena menstrual entre las indias thlinket y koniaks de Alaska, o las wafiomi de Africa.Las chiriguanas, de los Andes bolivianos, también permanecían todo un año entero de purificación encerradas en sus casas, pero además debían permanecer en un rincón oscuro de la misma, de cara a la pared y sin hablar con nadie.

Uno de los períodos de purificación más largos que existen se realiza entre los ot-danoms de Borneo, que mantienen encerrada a la chica que ha tenido su primera regla durante siete años, tras este periodo se le considera muerta y al salir de la cabaña se le considera como una recién nacida ya purificada, volviéndose más digna como esposa para los hombres ricos del poblado.

En otras ocasiones las mujeres sólo estaban obligadas a llevar un símbolo de la reclusión que sufrían en otros tiempos.
Para evitar que las menstruantes tuvieran que ir a las cabañas de la sangre, los chamanes payutos de California utilizaban una pintura profiláctica encarnada con la que neutralizaban los malos efectos de la reglante, pintándoles las muñecas de ese color o trazando un círculo encarnado en el piso de su cabaña.

Los arapesh de las zonas montañosas de Nueva Guinea se obliga a las mujeres menstruantes a irse fuera del pueblo, debiendo mantener un severo ayuno y con la prohibición explícita de beber o fumar, además se les dan friegas con ortigas e incluso ellas mismas se introducen un manojo de éstas en la vagina como acto purificador, considerando que de paso les fortalecerán y agrandarán sus senos.

en otros pueblos se les obliga a llevar unas almohadillas a modo de compresas junto con el taparrabos o cubresexos, debiendo vivir durante ese tiempo apartadas del poblado y con la obligación de advertir a gritos su estado a todos los que se les acerquen.

En España, especialmente, era creencia muy extendida que la mujer durante la regla era capaz de provocar con sus ojos acciones maléficas por infección; en Argamasilla de Alba y otros pueblos castellanos era habitual pensar que si una mujer menstruante miraba o tocaba a un niño, le produciría el “Mal de Ojo”.

En Alemania se creyó hasta el siglo XVIII que un pelo del pubis de una mujer reglante mezclado con su sangre menstrual, si se dejaba en un estercolero, al cabo de un año se convertiría en una serpiente o daría lugar a la aparición de animales dañinos y venenosos.

También era común creer que si los niños eran engendrados durante el período de la regla serían pelirrojos, viciosos por naturaleza y con alto riesgo de verse afectados por la lepra; para otras personas, los hijos concebidos durante la regla serían deformes y monstruosos, mientras que las niñas serían estériles al no tener nunca sus periodos.

Todavía en la actualidad perdura la creencia de que las mujeres que están menstruando no deben tocar las plantas pues podrían marchitarse o que durante la regla no se debe hacer salsa mahonesa o ajoaceite pues se cortaría y se estropearía; incluso hay quien piensa que las mujeres menstruantes, por bien de su salud, no deben lavarse la cabeza ni tomar alimentos o bebidas frías mientras les dure la hemorragia…

La segunda parte de este post lo dejamos para una siguiente publicación, como veis la cosa no tiene desperdicio !!